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Hemos probado los cinco NAD+ más vendidos en España. Cuatro suspenden en la misma casilla.
No hace falta un laboratorio para verlo: basta con leer la contraetiqueta. Estas son las cinco casillas que un NAD+ tiene que marcar — y lo que marcó cada uno.
Hay una frase que se repite en casi todos los correos que llegan a atención al cliente, y no es una pregunta: «ya tomé un NAD+ y a mí no me hizo nada».
Nos pareció que merecía una respuesta seria, así que hicimos la parte aburrida. Cinco botes, los que más se venden aquí, comprados como cliente. Ni notas de prensa ni fichas comerciales: la contraetiqueta, los miligramos y el informe de laboratorio, cuando lo había.
Conclusión incómoda para el sector y tranquilizadora para ti: si estuviste tres meses tomando uno de esos botes y no cambió nada, no fallaste tú. Falló lo que había dentro.
A partir de los cuarenta se fabrica cada vez menos NAD+, la molécula con la que cada célula produce su energía. Es un descenso lento y constante, no un interruptor: por eso nadie lo nota el día que empieza, y todo el mundo lo nota veinte años después.
El descenso es constante desde los cuarenta, no un cambio brusco.
Ahí está la explicación de una ironía que muchos reconocen y casi nadie dice en voz alta: por fin tienes tiempo, por fin no tienes que pedir permiso a nadie — y resulta que no tienes ganas.
Se nota en cosas que no se cuentan porque parecen tonterías. Que te sientes después de comer y el sillón gane la partida. Que a media tarde ya solo quede la tele. Que el plan del sábado lo proponga siempre otro, y tú digas que sí, pero ya no lo propongas tú. No son quince problemas distintos: es uno solo, y ocurre dentro de la célula.
Y conviene decir una cosa más, porque es lo primero que piensa casi todo el mundo: aquí la testosterona no es la protagonista. Explica una parte pequeña. Lo que falla mucho antes es el combustible con el que la célula hace su trabajo — y eso no se mide en una analítica de rutina, así que nadie te lo ha mirado.
Cinco casillas, todas comprobables por cualquiera: están en la contraetiqueta o en el informe del laboratorio. Nada de sensaciones ni de opiniones. La regla es dura a propósito — quien falla una, falla el conjunto, porque la fórmula funciona como cadena y no como suma.
250 mg de nicotinamida ribósida. Ni 100, ni «fórmula exclusiva».
La nicotinamida ribósida es el precursor del NAD+ con más literatura detrás, y también el que marca el precio del bote entero. Cuando una marca necesita cuadrar márgenes, el recorte cae siempre en el mismo sitio.
Los trabajos publicados se mueven en torno a los 250 mg diarios. Un bote con 100 cuesta bastante menos de fabricar y se anuncia exactamente igual: sigue poniendo «con nicotinamida ribósida» en la cara buena.
La misma cápsula con la dosis completa, con la mitad y con un cuarto. Los tres botes se anuncian igual.
Cuando la etiqueta pone «fórmula exclusiva», lo exclusivo es no tener que decir las cantidades.
Depósito lleno y contacto quitado: así está la mayoría.
El trans-resveratrol —el compuesto de la piel de la uva negra— actúa sobre las sirtuinas, el grupo de proteínas que regula cómo envejece la célula. Es la señal de que hay trabajo que hacer.
Y aquí está la trampa del sector: subir el NAD+ sin nada que active esas proteínas deja el recurso disponible y sin usar. Cuatro de los cinco botes no llevaban ni un miligramo.
De poco sirve rellenar si hay una vía de agua abierta.
Con la edad se acumulan células que ya no cumplen su función y aun así siguen pidiendo recursos. Se llaman senescentes. La imagen que mejor lo explica no es médica: es una fábrica parada con toda la luz encendida y el recibo llegando igual.
Por eso las tres piezas se compran juntas o no se compran: una repone, otra da la señal y la tercera corta el desperdicio. Quita cualquiera de las tres y lo que queda es un bote caro que no mueve la aguja.
Las tres primeras casillas puedes marcarlas tú ahora mismo, con el bote que tengas en casa.
Ver la contraetiqueta →Lo que pone la etiqueta y lo que entra en la célula no es lo mismo.
Esta es la casilla que no marcó ninguno de los cinco, y la que mejor explica los «a mí no me hizo nada».
Una cápsula corriente se abre nada más pasar el estómago y buena parte del activo se pierde ahí, antes de llegar a ningún sitio. La capa liposomal es una envoltura de lípidos que aguanta ese tramo y suelta el contenido más adelante. Es una técnica prestada de la farmacia hospitalaria, no un reclamo de marketing.
Sin esa envoltura, los 250 mg de la etiqueta dejan de ser 250 mg en cuanto cruzan el estómago.
Nadie debería corregir su propio examen.
Escribir 250 mg en una etiqueta no cuesta nada. Lo que cuesta es que alguien ajeno abra el bote y confirme que dentro hay 250 mg.
Cuatro de los cinco se autoanalizan. No es ilegal ni infrecuente, pero tampoco vale como prueba. Es la casilla menos vistosa de las cinco y seguramente la más reveladora: es la única que no se puede escribir bonito.
Queda una cosa por decir, y preferimos decirla nosotros: la primera semana lo habitual es no notar nada. Esto no va de un subidón por la mañana. El primer cambio que suele aparecer es el despertar, entre la segunda y la tercera semana.
Lo demás llega sin ruido y casi nunca lo cuenta él primero. Subir las mismas escaleras de siempre y darte cuenta arriba de que no has parado. Llegar a las ocho de la tarde como estabas a las once de la mañana. Volver a ser el que propone el plan, en vez de el que dice que sí. Un producto que trabaja en ese plazo no se puede juzgar en treinta días — de ahí que la devolución sea a noventa.

- 250 mg de Nicotinamida Ribósida · pureza 98%
- 75 mg de Trans-Resveratrol
- 125 mg de Quercetina Phytosome
- Capa liposomal · 23× más absorción
- Verificado por laboratorio Eurofins
- Una cápsula al día · 30 cápsulas, un mes exacto
Sale por menos de lo que cuesta un café al día. Para comparar: una sesión de NAD+ por vía intravenosa en clínica privada va de 150 a 300 euros, y no se hace una sola.
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